Edición: Julio - Septiembre 2010
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La meditación como resurgimiento de lo Divino en nuestro interior usando el dorado.

 

Mucho se ha hablado de la meditación como técnica, modo de vida, ejercicio de respiración, y algunas veces en su función primordial: acercamiento a lo Divino. Meditar es ponerse en contacto con nuestro ser intimo.

Los colores ayudan a nuestra conexión interior, usamos rosa para expresar el amor, azul para tranquilizar y dorado por excelencia es el color del sol, de la luz que disipa toda tristeza, toda tiniebla emocional y física.

Sólo una respiración imaginando el color dorado entrando en nuestro cuerpo físico, nos potencia en nuestro poder REAL, es decir, nos devuelve a nuestra doble naturaleza superior de dioses y hombres.

Existe un ejercicio de meditación y visualización llamado UN SOL EN MI CORAZÓN mediante el cual accedemos al centro del sol visualizándolo como una gran esfera dorada refulgente, allí nos conectamos con nuestro verdadero poder Dios-Diosa, padre-madre y hallamos el espacio espiritual para concretar nuestros sueños y anhelos más profundos.

Sólo la comunicación íntima con nuestro Ser Divino (la figura en quien nosotros creamos) nos llevará a encontrar nuestra misión, nuestro fundamento en la vida.

El dorado es el color de los iluminados, desde antiguos tiempos se usa en religiones y rituales, como purificación, símbolo de prosperidad en todos los sentidos y esencia de deidad.

Usemos pues estos elementos como herramientas puras del Universo para celebrar nuestro ser Divino y así convertirnos en hacedores de nuestros sueños

 

Sandra López

Profesora en Metafísica



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